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VIAJE INFERNAL

Sin luz y sin información: Un viaje de pesadilla en el Alvia Asturias-Madrid para despedir la Navidad

Cuatro horas y media de retraso, falta de información y vergüenza ajena, así fue el fin de fiesta para muchos ciudadanos que regresaban a Madrid el 7 de enero.
 

Tras las vacaciones de Navidad, y más concretamente una vez finalizada la festividad de Reyes son muchos los ciudadanos españoles que ponen fin a sus vacaciones y abandonan sus localidades de origen para volver a su trabajo. No fue una excepción este lunes 7 de enero, cuando 600 personas, muchas de ellas asturianas, tomaron un tren Alvia que salió de Gijón y que tenía como destino Madrid. Ya en Oviedo comenzaron los problemas cuando se formó una gran cola en la estación de la ciudad después de que el personal de Renfe no organizara correctamente una fila de pasajeros y se tomase con calma el chequeo de los billetes.

Tras salir con un pequeño retraso el tren se encaminó a su destino, realizando paradas en Palencia y Valladolid. Poco después de salir de la ciudad castellana el Alvia se paró, algo bastante común que conocen bien los viajeros que utilizan este servicio, sin embargo en esta ocasión no iba a ser breve; eran en torno a las 21:40 horas, el comienzo de una pesadilla para los 600 viajeros que viajaban en los vagones del tren.

A pesar de la calma y la resignación de los viajeros, hubo quien exigió información debido a la falta de comunicación que la tripulación mostró a los pasajeros, ávidos de saber por qué estábamos parados en medio de la nada (concretamente en el túnel Pinar de Antequera como se supo después) y por qué el tren no seguía su camino. Todo fue peor cuando se marchó la luz, quedando a merced de los focos que había en algunas partes del túnel.

Sin luz y sin información


Pasaban más de las 22:15 horas cuando se comunicó que había un problema de tensión en la catenaria, y ese problema dejaba así a 600 personas tiradas. Tiempo después se informó, no sin antes muchos ruegos de los clientes de Renfe, que un "tren de rescate" iba a venir a recoger al personal, aunque como no tenía capacidad para tanta gente, 40 viajeros que habían pagado su asiento tendrían que ir de pie.


Una joven telefoneó a su familia para señalar que el tren llegaría a las 00:30, los nervios le jugaron una mala pasada, pues la tripulación había señalado que el híbrido llegaría hacia las 23:20 o 23:30 horas, aunque como todo esa noche salió mal, la chica tuvo lamentablemente razón, pues el tren llegó cuando el día 8 de enero había comenzado hacía media hora.

Antes de eso acudió el 112, eso sí, después de dos horas parados en el citado y lúgubre túnel y encerrados en un tren del que se pudo salir a tomar el aire después de la insistencia de algunos viajeros que se sentían agobiados en el interior del convoy. Hacia las 00:30 horas comenzó una evacuación que se realizó de forma correcta y ordenada por parte de los ejemplares viajeros, pues incluso los niños se comportaron, a pesar de lo desagradable del incidente y de la poca información, aunque cabe destacar que Renfe 'tuvo la deferencia' de ofrecer bebidas de forma gratuita en la cafetería.

Un tren de rescate a punto de ser rescatado


Después de que hubieran pasado los niños, el resto de pasajeros atravesaron las pasarelas hasta el tren de refuerzo cargados con los bultos, que en la mayoría de los casos eran muchos; en el nuevo tren todo parecía indicar que se acabaría la oscuridad, el frío y la angustia, pero quedaban todavía algunas sorpresas.


Y es que cada uno se sentó donde pudo, y dejó las maletas lo cerca o lejos que le permitió el espacio. Pasaban las 00:30 horas, pero el tren no arrancó, pues una mujer necesitó atención sanitaria después de golpearse un dedo y sufrir un mareo. A la 01:15 se indicó que en breves momentos se iniciaría la marcha, y que se rogaba a los pasajeros que se distribuyeran en los pasillos o en la cafetería, una lotería que le tocó a varios viajeros.

Por fin arrancó el llamado "tren de rescate"; era la 01:20. La alegría duró poco, pues después de ir a 'velocidades de vértigo' como 25 o 30 kilómetros por hora, el convoy se paró... nuevamente se puso en marcha, y una vez más dijo basta, ante lo que se oyeron aplausos, risas ("me río por no llorar" decían muchos viajeros), resoplidos y caras con sueño que se acordaban de que al día siguiente había que trabajar, y por tanto que madrugar.

Un detalle curioso tuvo lugar antes de las 02:00 horas, cuando una pasajera indignada que se tenía que levantar a las 5 de la madrugada llamó a Renfe para preguntar cuándo iba a llegar el tren infernal en el que estábamos metidos; la persona que le atendió contestó que la hora de arribada a Madrid-Chamartín serían las 02:15 horas, palabras que dieron la risa. Eso sí, una vez colgado el teléfono el tren cogió fuelle y se puso a toda máquina, llegando por fin a la estación madrileña a las 02:55 horas, no sin antes un aviso de megafonía en el que se disculpaban por las molestias y se señalaba que se devolvería el 100 por 100 del importe del billete 24 horas después de llegar al destino.


Caos y más esperas para coger un taxi


No acabó ahí todo; eran más de las 03:00 horas de la madrugada, y algunos como Paula, una gijonesa de 28 años, tuvo la suerte de tener un novio con mucha paciencia que fue a buscarla a la estación, pero mucha gente tuvo que esperar estoicamente a coger un taxi. La desorganización fue otra vez una máxima, pues ni la policía ni la seguridad allí desplegada se lució, formándose una cola que provocó un embotellamiento y que tuvo que ser deshecha, lo que dio lugar a momentos de tensión.

Al final acabó la pesadilla, algunos a las 03:30 horas, otros a las 04:00 horas, otros quién sabe a qué hora, y con menos dinero en el bolso debido a los taxis que la mayoría de la gente se vio obligada a coger; eso sí, se ganó en ojeras y en somnolencia este martes, pues no eran pocos los que trabajaban al día siguiente, los que tenían clase, o incluso quién casualmente este martes comenzaba su andadura laboral con una víspera que nunca olvidará gracias a Renfe, que faltó a su lema, pues no acortó distancia, ni acercó personas, y tampoco invitó al viajero a subirse al futuro, más bien a un pasado lamentable que es mejor no recordar.
Guillermo A. Corrales | 08 de Enero de 2013